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Y allí estás tú majestuoso en tu altar

Y allí estás tú majestuoso en tu altar

Y allí estás Tú majestuoso en tu altar y ya lo habrás perdonado incluso antes de que el supiera lo que iba intentar hacer. Entró en tu casa con la intención de prenderte en llamas que necio hay que ser para no saber qué hace años muchos años que tú ya eres llamas, esa llama que arde en todos nuestros corazones, enseñándonos a perdonar. 

Yo mi señor del Gran Poder, me confieso a ti, por qué he pecado, por qué no soy capaz de perdonarlo por qué no me preocupa tu imagen ni tus enseres ni tú bienes, por qué tú eres más grande que todo eso, me preocupa el odio, el rencor, las ideas que pasan por la cabeza de alguien que entra a tu casa a la casa de Dios a reducirla a cenizas. Como si el mundo no estuviera ya lo bastante loco, como para querer encender una hoguera, una hoguera que ya costó miles de vidas, una hoguera movida y promovida por una corriente de necios y malnacidos que refugiados tras siglas y colores solo quieren remover las miserias de una historia negra. Perdóname Padre a mí por qué no puedo perdonarlo. Aún sabiendo que tú ya lo habías perdonado.

Por Sergio Ramos Bernal